Carl Sagan: Un punto azul pálido.

El 14 de febrero de 1990 la sonda espacial Voyager 1 tomó una fotografía de la tierra a una distancia de 6000 millones de kilómetros. Fue esta fotografía la que inspiró una de las obras del célebre Carl Sagan: Un punto azul pálido, donde mezcla filosofía y ciencia para darnos una impactante perspectiva sobre el lugar que ocupa la especia humana en el universo.

Pero antes de llegar a eso hablemos un poco del hombre detrás de la obra:

¿Quién fue Carl Sagan?

Los que nacieron cerca de la década del 70 y disponían de un televisor con cable seguramente reconocerán a esta emblemática figura de la divulgación científica, pero para el resto puede no ser más que un nombre que escucharon alguna vez de sus padres o de algún profesor o amigo mayor.

Carl nació el 9 de septiembre de 1934, en Nueva York. Fue astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y divulgador científico. Pasó a ser una figura mundialmente reconocida tras su el lanzamiento de “Cosmos: un viaje personal”, una serie documental de divulgación científica escrita por él mismo, Ann Druyan (su esposa desde 1981 hasta el día de su muerte) y Steven Soter, en la cual Carl era el guionista principal y presentador del programa.

Su fascinante carrera tanto como científico, divulgador y escritor fue una fuente de inspiración para toda una generación de jóvenes. Entre ellos Neil deGrasse Tyson (astrofísico, escritor y divulgador científico estadounidense), quien fue el presentador de la serie documental que continuó el legado de Carl, Cosmos: una odisea de tiempo y espacio.

Carl Sagan: la mente detrás de la pantalla.

Sagan se reconocía así mismo como agnóstico, defensor del pensamiento escéptico científico, del método científico y un pacifista. Y es en esta última palabra: pacifista, donde quiero detenerme un momento y explicar los motivos que llevaron a este genio por ese camino.

Es destacable el grado de racionalidad y de pensamiento paralelo que tenía el señor Sagan, pues como miembro del SETI (serch for extra terrestrial intelligence, o en español: búsqueda de vida inteligente) creía en la ecuación de Drake (ecuación para estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia), pero la falta de evidencia de la existencia de la misma lo llevó al supuesto de que las civilizaciones científicamente avanzadas tendrían una tendencia autodestructiva.

Así dio forma a su pensamiento y a su interés y preocupación por el futuro de la humanidad, dando a conocer las diversas maneras en que la misma podría autodestruirse, con la esperanza de evitar tal catástrofe. ¿Se dan cuenta de lo que este hombre se proponía? ¡Quería cambiar a la humanidad a través de la ciencia y el conocimiento racional! Perdónese mi subjetividad, pero no puedo más que admirar su voluntad para emprender tamaña empresa.

Fue un detractor de la Guerra de Vietnam, protestó activamente contra la carrera armamentística nuclear, pues tenía una profunda preocupación respecto a la posibilidad de un posible holocausto nuclear, cuyo sentir quedó plasmado en el último episodio de la serie Cosmos, titulado: ¿Quién habla en nombre de la Tierra?

Dedicó gran parte de sus esfuerzos a concientizar la opinión pública respecto a los efectos de la guerra nuclear y el Invierno Nuclear, al cual dedicó algunos libros.

Sagan y Dios.

Carl era un escéptico sobre el concepto convencional de Dios y su sapiencia, en una de sus descripciones afirma que:

“La idea de que Dios es un hombre blanco de grandes dimensiones y de larga barba blanca, sentado en el cielo y que lleva la cuenta de la muerte de cada gorrión es ridícula.

Pero si por Dios uno entiende el conjunto de leyes física que gobiernan el universo, entonces está claro que dicho Dios existe.

Este Dios es emocionalmente insatisfactorio… no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad”.

Según su última esposa, Ann Druyan, Sagan no era creyente:

“Carl se enfrentó a la muerte con infatigable valor y jamás buscó refugio en ilusiones”.

Es obvio que este breve resumen no hace justicia a un hombre de tan notable trayectoria, pero espero que sirva de introducción para saber apreciar la profundidad de las palabras que plasmó en papel al escribir en su libro “Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio”. La obra que se presenta a continuación forma parte del citado libro, ésta se titula “Un punto azul pálido”:

«Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que en su gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… es desafiada por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Asentarnos, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de los conceptos humanos que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos mejor los unos a los otros, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido».

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